miércoles, 3 de agosto de 2011

Relaciones apadrinadas

En pleno siglo XIX la sociedad limeña, desde pequeños, nos inculcado que la intimidad y la economía mejor mantenerlos separados para evitar su perversión. Sin embargo, en “La negociación de la intimidad”, Viviana A. Zelizer afirma que las prácticas económicas constituyen un patrón en las relaciones sociales íntimas, generalmente caracterizadas por el afecto y la confianza.

Hace algún tiempo atrás, un compañero, el cual había conocido tres meses antes, me invitó informalmente un almuerzo en un restaurante con vista al mar. Llegué con una hora y media tarde y bromeó en que yo pagaría la cuenta por la tardanza. No me pareció tan descabellada la idea, teniendo en cuenta que yo había cometido la falta. Relacionando la situación y vinculándola con los conceptos trabajados por Zeiler, se considera una cita cuando él se ofrece a pagar la cuenta sin compartir gastos de ningún tipo. El almuerzo se prolongó aproximadamente tres horas. Sin embargo, aún no me quedaba claro si nuestro encuentro era simplemente una reunión de amigos, una salida, un treating o una cita.
Al final de la velada, paga la cuenta y se ofrece llevarme a casa, lo cual me pareció un poco creepy porque era la primera vez que salíamos y no tenía idea en donde quedaba mi casa. Evidentemente, era una cita. Antes de tomar el camino a mi casa, se desvía y vamos a un centro comercial. Me deja esperando en el estacionamiento, mientras me vende la idea que iba a pagar unas cuentas al banco. Durante el camino a casa, se portó muy amable y toda la conversación era en relación a nuestra próxima salida, del día siguiente. Al llegar a mi casa, me da un regalo. Evidentemente, no quise aceptar el don. En primer lugar porque en casa me habían inculcado que no aceptara regalos de desconocidos, pues evidentemente me sentiría deuda. Y, si en aquel momento aceptaba el don, pensé que me vería obligada a pasar un tiempo extra con él. En segundo lugar, sentía que me estaba tratando de comprar. También, se me cruzó por la mente, su reacción al no aceptar el don. Probablemente, se sentirá rechazado y pensará que no quiero nada con él, pensé. Para Mauss, aceptar un don o regalo es aceptar parte del alma de quién regala. El regalo tiene un cometido en la persona que lo recibe. El objeto no es inerte, tiene un alma y trata por sí mismo de volver a su dueño de origen. Sin embargo, rechazar un regalo, es visto como una ofensa que puede muchas veces, puede conducir a la guerra o en este caso a un desplante. Estaba claro que yo quería seguir frecuentando a este hombre. Por ello, dude en aceptarlo o no. Mauss sostiene que los dones que no se devuelven siguen transformando en inferior a la persona quién los aceptó. Es decir, si aceptaba el don las probabilidades de estar supeditada a lo que me pida eran mayores. Pues, cuando la gente intercambia regalos está esperando una devolución. Ya que al recibir el don afectivo, está implícito el dar, recibir y devolver. Evidentemente, si aceptaba el don me vería obligada a devolverlo de algún modo. Felizmente, mi inexperiencia me hicieron hacerle caso a los sermones recalcados en casa. Es así que no recibí el regalo.

Grande fue mi sorpresa, porque aparentemente hasta el momento no hemos tenido ningún acercamiento (llámese demostraciones de afecto, etc) y nuestras conversaciones eran amicales, tampoco me realizó ninguna propuesta. En un primer momento, me negué aceptar el dinero y me justificó que era vísperas de mi cumpleaños y que probablemente no iba a verlo. Acepté el dinero y junto con aquella aceptación los numerosos detalles y atenciones se multiplicaron como por arte de magia. Zelizer sostiene que aunque las personas intenten mantener el dinero apartado de lo privado, ambos mundos se conectan y se combinan incesantemente. A lo largo de todas sus explicaciones y casos Zelizer demuestra de qué modo el precio es central en tres áreas claves de la intimidad: las relaciones de pareja, las de cuidados y las de la vida doméstica. La relación que ya había iniciado con este hombre no tenia nombre, hasta el momento. El era soltero y yo también, sin embargo no podía catalogarla como una relación de pareja, porque no me dijo para ser enamorados y tampoco manifestó que quería un treating, en ningún momento hablamos de las características de la relación. Extraña situación porque hasta el momento él solo había dado y no recibido nada a cambio.

Ciertamente, a lo largo de algunos meses logre desarrollar algún tipo de cariño por este personaje. Si era amor o no, es cuestionable, debido a que la relación estaba íntimamente vinculada a los dones. ¿Es que acaso el amor sincero está obligado a mantenerse desligado de las relaciones intimas económicas?
No había ningún tipo de compromiso de ambas partes pero cuando nos empezamos a frecuentar mas a menudo, empezamos a salir, tal y como lo define Zelizer, una forma exclusiva y duradera. Los lazos de sociales de intimidades y de transacciones de económicas se acabaron en cuanto logre desarrollar un sentimiento de amor hacia este personaje, el cual no buscaba ningún tipo de relación duradera, mucho menos un noviazgo.

Para finalizar, considero que evidentemente las relaciones intimas están apadrinadas por el dinero dado que una vez terminada la relación, los conflictos que por lo general se producen, son por la vinculación de ambos universos en tensión generalmente devienen en procesos judiciales y el derecho que representa el ámbito ideal para analizarlos.

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